en Bogotá se robaron 1.281 carros solo en el primer trimestre de este año, según cifras de la policía. ese número existe, está contado. lo que nadie sabe es cuántos de esos robos le pasaron a un conductor de app mientras trabajaba —porque ese caso entra a la bolsa general del hurto, mezclado con todo lo demás, y nadie lo separa.
en Estados Unidos, ese número existe. desde hace años, una ley obliga a las plataformas a publicar un reporte con las cifras: cuántos incidentes, de qué tipo, contra quién. tan en serio va, que Uber terminó pagando US$9 millones por resistirse a entregar esos datos al regulador de transporte de California. en Colombia no hay nada de eso. las apps operan en un limbo legal, y el último intento del gobierno, en 2026, buscaba prohibirlas, no regularlas. sin regla, nadie está obligado a contar.
y ahí está el punto: no es que no sepamos qué pasa. es que no sabemos qué tan seguido, en qué zonas, ni si mejora o empeora. y esos son justo los datos que servirían para hacer algo —que las apps endurezcan la verificación del pasajero, que un conductor sepa qué viajes son más riesgosos antes de aceptarlos, exigirle más a las plataformas—. el primer paso para arreglar algo es saber qué tan grave es. en Colombia, con las apps, ese primer paso todavía no existe.
- en Bogotá se robaron 1.281 carros en el primer trimestre de 2026, pero nadie sabe cuántos eran de conductores de app · no se desagrega
- en Estados Unidos una ley obliga a las plataformas a publicar sus incidentes de seguridad · Uber pagó US$9 millones por resistirse a entregar esos datos
- en Colombia las apps operan sin regulación · el último intento del gobierno (2026) buscaba prohibirlas, no ordenarlas
- sin regla, nadie está obligado a medir el riesgo de manejar para una app · no sabemos su tamaño, ni dónde, ni si mejora o empeora